"Amaru" -MI CRITICA-
El escribir de Andrea Garrote es, sin dudas, distintivo y en "Amaru" lo sigue demostrando, sus textos son descriptivos y con una profundidad muy ligada a la realidad; en este caso, al contar el problema indiscutible de las pantallas, lo hace mezclándolo con una leyenda, la de una serpiente sagrada.
Una familia burguesa donde el discutir del léxico y de la conformación de las palabras es moneda corriente, esconde debilidades y fisuras, un hijo que se "esconde" en una habitación, una madre que confronta con un padre en un recitado de oraciones, nadie escucha al otro, hasta que irrumpe Amaru, una joven liberal que "salvó" a su hijo en un accidente en el muelle.
Es fundamental en esta pieza dirigida e interpretada también por Andrea que funcione, justamente, el encadenado de las frases; ya que una palabra según como, cuando y donde se la mencione depara diversos significados, gran labor de Andrea. Uno como espectador se mantiene atento a esos diálogos pues ahí está la riqueza de lo que se dice y el logro de la dramaturga es hacerlo sin dejar nunca el humor.
La parte interpretativa es realmente muy buena, si bien los cuatro integrantes del elenco tienen una gran experiencia, festejo que no se acuda a la popularidad o a nombres que siempre vemos, esa frescura también ayuda mucho a la obra que se balancea en el fino límite de un teatro comercial e independiente. Una obra accesible a todos, pero que requiere un visionado cómplice y atento.
Andrea nuevamente está estupenda también como actriz, es un placer y a la vez una relajación verla moverse en el escenario con su habitual naturalidad y magnetismo. Pero como indicara el cuarteto es muy solvente en sus papeles: Marcos Ferrante, Fiamma Carranza Macchi y Julián Cnochaert con sus interpretaciones apuntalan la propuesta.
"Amaru" codirigida también por Carolina Stegmayer, es una pieza llamativa dentro de todas las opciones en la cartelera, con un mensaje importante para dar, donde se hace uso del buen decir e interpretar.
GUSTAVO SCUDERI





