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“Billy Elliot” EL MUSICAL -MI CRITICA-

Si bien el musical “Billy Elliot” se estrenó con muchísimo éxito en el 2005, permaneciendo más de una década en cartelera, valió la espera recibirla en Buenos Aires. Un desprendimiento de la película homónima del 2001 (el filme llegó a los tan preciados premios de la academia), dirigida también por quién la llevaría a las tablas: Stephen Daldry, modalidad muy interesante y curiosa; directores de cine dirigiendo teatro y realmente se nota, en esas puestas hay un vuelo cinematográfico, una magia que se desprende de ese arte.

Otra característica y muy notoria es que la música está compuesta por, nada más ni nada menos, que Elton John (luego de su exitoso debut con los musicales con “El rey león”) y hay que remarcar que la composición y los acordes son preciosos; tienen una fuerza que, justamente, uno busca en los musicales, desde melodías pop hasta el rock, es una excelente banda musical.

Preparar esta obra no fue una tarea sencilla y se nota el esfuerzo, la calidad y en especial el sueño en el que “invirtieron” Diego y Omar Romay, apellido que engalana el legado artístico, con su producción. Hubo que organizar literalmente una academia con el asesoramiento de la fundación Julio Bocca, donde los niños intérpretes fueron capacitados durante meses en baile, canto y actuación.

La propuesta argentina está muy bien lograda y no cambia el registro de su acción (el conflicto minero entre 1984 y 1985, durante la gestión de Margaret Thatcher) con unos cuadros musicales impecables que se potencian cuando son grupales y el elenco se une en un unísono musical angelical. No por nada vino especialmente el reconocido a nivel internacional, Gaby Goldman, realmente un maestro, a tomar el mando de esta propuesta como su director musical, quien ya la conocía, por repetir este rol en España.

Otra curiosidad de esta propuesta, es que delegaron la dirección general a un reconocido profesional con una abundante actividad en el ambiente, más reconocido por un teatro de texto, aunque también, dentro de su extenso currículo, fue coreógrafo y llevó adelante, entre otras cosas, puestas de ópera, el atrayente Rubén Szuchmacer; quien aquí se tira de lleno a un teatro musical, más popular y comercial. Rubén junto a Lautaro Vilo realizaron una correcta adaptación, al igual que Marcelo Kotliar en las letras, lo cual no es un mérito menor, ya que la obra originalmente en otro idioma que se desarrolla en otro lugar y contexto histórico (aunque increíblemente tenga resonancias con la nuestra y no tan pasada) debe funcionar y aquí lo hace muy bien.

El elenco es otro logro de la propuesta, Osvaldo Laport (padre de Billy) en un papel ideal para él, si bien no canta, hay que aclarar que al igual que la gran Graciela Pal (abuela de Billy) no necesitan ser expertos en ello, su participación mayoritariamente es la actuación y en eso son conocedores del tema y están ajustadísimos a la puesta. Cuanto me alegra que los nombres de Sacha Bercovich y Deborah Turza (hermano y madre de Billy) sean parte de esta pieza, ambos reconocidos artistas de musicales que le otorgan calidad a la obra, con su buen cantar e interpretación. No puedo menos que resaltar nuevamente el nombre de Alejandra Perlusky (Mrs. Wilkinson), un torbellino de energía y poder escénico, aquí pudiendo demostrar todas sus facetas: baile, canto y actuación, ¡increíble! También debo destacar a otro carismático artista, Iñaki Agustin, en una interpretación en la que derrocha magnetismo y es festejada por el público. 

Párrafo aparte merece el trabajo super meritorio de nuestro Billy, que pueda materializar en escena lo que le demanda la historia y la preparación que debe tener, a su corta edad, es un desempeño apoteótico, que seguro irá puliendo aún más con el paso de las funciones, en especial en la parte del decir del texto: Joaquín Mondino Formichelli es claramente un nombre a seguir y de un futuro enorme. Quien también la rompió en escena y fue una grata sorpresa como el amigo de Billy, fue Lautaro Muro López, dueño de una versatilidad y movilidad escénica que apabullan, imposible no sentirse atraído por su actuación, otro adelantado artista. 

También dentro del ensamble hay nombres que tienen un carrerón en los musicales y aquí se suman a la puesta, por eso no me extraña y comenté en un principio el resultado y la sonoridad de las partes grupales, por ejemplo, forman parte de este: Adrián Scaramella, Mariano Taccagni, Pilar Muerza, Evelyn Basile, Liki Lovera, Nico Amengol, Rodrigo Villani, Luis Podesta y Mica Pierani Méndez.

Si tenemos que coronar una propuesta de una calidad artística que supera la media, la experiencia y el carisma de Gustavo Wons en la dirección coreográfica y el conciso trabajo en el diseño de escenografía de Jorge Ferrari, del vestuario de Sofia di Munzio, de iluminación de Gonzalo Córdova son fundamentales para ese resultado.

En pocas y necesarias palabras y o calificativos “Billy Elliot” EL MUSICAL es una maravilla, emotiva, divertida y de un nivel artístico supremo, sin dudas un imperdible de la cartelera.


GUSTAVO SCUDERI



 
 
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