"Cae una catedral" -MI CRITICA-
"Los Pipis", a lo largo de los años, supieron desarrollar en y con su teatro una experiencia única en escena. Si bien con el paso del tiempo participaron en diversas obras y medios, es fundamental concentrarnos en los universos que nos traen con sus propias propuestas, ya que esa característica es la que les da el vuelo y la libertad a sus propias obras.
"Cae una catedral" es su última propuesta y es la más íntima y jugada, ya que a la habitual combinación de un teatro físico y de texto introducen a toda la sala en su puesta y los conceptos son más profundos y controvertidos a lo que venían haciendo.
Es común que en sus dramaturgias no se le encuentre un significado lineal a la historia, sino que bucea en la mente de sus protagonistas desafiando cánones y al espectador a que arme su propia historia. Me jugaría al decir que cada uno de los que asistimos a la función nos llevamos nuestro propio significado y final, eso es para mí un gran hallazgo.
En coproducción con Fundación Proa, la pieza es el encuentro de dos hombres que supieron estar relacionados, han pasados los años ambos están diferentes y poco supieron uno del otro con el paso del tiempo. Ambos atravesados por situaciones desafiantes, el encuentro en la ciudad los separa y a la vez los une. Uno de ellos terminando el proceso de ser padre y el otro con una extraña condición, por la que cada día que pasa va desapareciendo.
La creatividad del dúo se traslada esta vez a la palabra, al decir, donde el escenario está vacío, salvo por unos pocos elementos. Si bien uno la percibe de un tenso espesor lo que realmente se quiere expresar, cuestionar es simple: las relaciones y los vínculos y como se van transformando con el tiempo.
Matías Milanese y Federico Lehmann conforman la compañía nacida en el 2019 y esta se fue fortaleciendo con sus intervenciones y mecenazgo. La unión de ellos potencia sus ideas y proyectos que, individualmente o dependiendo de otros, sería imposible. De diferentes métodos, Matías más verborrágico y Federico más íntimo y físico, logran una química en escena muy atractiva.
"Cae una catedral" se la palpa poderosa en sus expresiones, muy difícil de catalogar o poner en palabras su significado y a la vez, en eso radica su riqueza; en el hecho de que cada espectador la atraviese con sus propias experiencias o pensamientos. Desbordada de energía, es un teatro físico literal, donde uno transita momentos de humor, de desesperación, de tensión y reflexión.
GUSTAVO SCUDERI





