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"Los padres terribles" -MI CRITICA-

"Los padres terribles" de Jean Cocteau, poeta, dramaturgo, escritor, pintor, en fin, un destacado francés multidisciplinario regresa a la cartelera porteña con un toque propicio para las épocas que vivimos. Justamente era todo un desafío para el experimentado director Daniel Veronese adaptarla y presentarla nuevamente en escena, siendo esto un gran foco de interés y su consecuente resultado.

Daniel tomó el reconocido texto y lo respetó, pero jugando una carta novedosa, cambiar los géneros de los personajes; en su visión no hay una madre dependiente, controladora y parasitaria, en una relación casi incestuosa con su hijo, sino un padre, quién justamente "juega" con su propia identidad. El inconveniente sucede cuando el hijo presente a su novia, mayor que él; pero ese no será el único problema, sino que, su madre se dará cuenta que Madeleine no es solamente el interés de Michel, sino que es su propia amante. Esta revelación pone en un estado caótico a la casa familiar que es aprovechada por la hermana del padre que siempre estuvo enamorada de su cuñada. Claramente esta pieza creada por Cocteau en 1938 (según documentos de la época resultado de ocho días de consumo de opio), da vuelta a las relaciones familiares donde los "adultos" esos padres terribles, son como criaturas en su comportamiento.

El elenco elegido es sumamente atractivo y muy logrado, Ana Katz, talentosa escritora, directora aquí actúa nuevamente y es un placer verla. El inmenso y siempre poderoso Luis Ziembrowski y una Ana Garibaldi genial, con un manejo de la palabra y de la escena maravilloso. Max Suen, a quien es la primera vez que lo veo, pero cuya performance fue muy interesante. Cierro con Sofía Gala Castiglione que está desarrollando una carrera brillante, todo lo que hace en la televisión, el cine y el teatro lo hace con una fuerza interpretativa admirable, hace rato que sigo sus pasos y no deja de sorprenderme.

"Los padres terribles" regresa, pero con otro foco, con otra mirada, más actual, sin perder la irreverencia y la ferocidad de su texto original.


GUSTAVO SCUDERI




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